jueves, 13 de diciembre de 2012

Recuerdos amables

Hoy he ido a la biblioteca municipal de Rivas Vaciamadrid, donde vivo, a por unos libros para un trabajo. Me ha costado mucho encontrarlos y por ello he pedido ayuda a la bibliotecaria.

Esta señora me ha ayudado amablemente y me ha preguntado cómo estaba, pues ya me conocía de antes. Es la misma persona que me ayudaba hace más de diez años a encontrar libros que me gustasen. Libros con dibujos, con historias de misterio y con aventuras.

Me ha hecho recordar como hace tantos años, todos los viernes mi padre me llevaba a la biblioteca local a escoger los libros que me iba a leer durante la semana. Leía mucho, aun lo hago, y aún no estaba preparada para leer libros de adultos, que en mi casa si que hay a montones. Por ello ibamos todas las semanas y me sacaba con mi carnet los dos ejemplares que me permitían. Hablaba mucho con las bibliotecarias y les decía qué libros me habían gustado más. Recuerdo que ellas se leyeron alguno y me contaron su opinión.

Luego me hice mayor, y la labor de mi padre pasó de acompañarme a la biblioteca a aconsejarme libros que ya sí estaban en casa. Por lo tanto, poco a poco, dejé de ir a la biblioteca de mi barrio.

Sin embargo, no es la primera vez que me pasó por allí. De allí mismo cogí los libros con pruebas de selectividad, una edición de la Odisea y el pasado verano me ví un montón de películas en inglés para preparar el examen de inglés Avanzado. Todas las veces que he ido, si ella estaba, me ha reconocido y me ha preguntado por mi vida.

Realmente he cambiado mucho, pero debo seguir siendo reconocible en la niña que un día fui. Debo tener la misma sonrisa, los mismos ojos, aunque mi cuerpo haya cambiado tanto. También conservo la pasión por los libros, y otras muchas aficiones que considero parte de mi persona.

Me ha resultado muy agradable charlar con esta persona, que se acuerda que he estudiado Historia y me cuenta que ella hizo el curso de Adaptación al Profesorado hace unos años, pensando en opositar como docente. Me ha hecho recordar a la niña que algún día fui, y en definitiva me ha hecho alegrarme de ser aún reconocible a ella,  y que a una persona completamente ajena a mi vida, le merezca la pena dedicar un poco de su tiempo a preguntarme que tal me va, solamente porque me recuerda de niña acudiendo a la biblioteca a coger libros.

No hay comentarios:

Publicar un comentario